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28 de mayo de 2010

Historia del Rosario



Historia del Rosario Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos.
Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marias. Los misioneros de Irlanda mas tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron varios desarrollos con el tiempo.

Santo Domingo busca las ovejas perdidas

La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Santo Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.

Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.

También negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.

Domingo trabajó por años en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen acude en ayuda de Santo Domingo de Guzmán

La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albingenses volvieron a la fe católica.

Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.

4 de mayo de 2010

Inmaculada Concepción de María

Palabras que pronunció S.S. Benedicto XVI en la tarde de un jueves, solemnidad de la Inmaculada Concepción, ante la imagen de la Virgen que se encuentra en la Plaza de España, en Roma.


”En este día dedicado a María he venido por primera vez como sucesor de Pedro a los pies de la estatua de la Inmaculada aquí, en la Plaza de España, recorriendo espiritualmente la peregrinación que tantas veces realizaron mis predecesores. Siento que me acompaña la devoción y el afecto de la Iglesia que vive en esta ciudad de Roma y en todo el mundo. Traigo las ansias y las esperanzas de la humanidad de nuestro tiempo y las pongo a los pies de la Madre celestial del Redentor.

En este día particular, que recuerda el cuadragésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, vuelvo con el pensamiento al 8 de diciembre de 1965, precisamente al final de la homilía de la celebración eucarística en la plaza de San Pedro, cuando el siervo de Dios, Pablo VI, dirigió su pensamiento a la Virgen, “la Madre de Dios y Madre espiritual nuestra…, la criatura en la que la imagen de Dios se refleja con claridad absoluta, sin ofuscamiento alguno, como sucede, sin embargo, con cualquier otra criatura humana”. El Papa se preguntaba después: “¿Acaso no puede comenzar nuestro trabajo postconciliar fijando nuestra mirada en esta mujer humilde, nuestra Hermana y al mismo tiempo nuestra Madre celeste, espejo nítido y sagrado de la infinita Belleza? Esta belleza de María Inmaculada, ¿no es para nosotros un modelo de inspiración? ¿Una esperanza confortante?”. Y concluía: “Nosotros lo pensamos para nosotros y para vosotros, y éste es Nuestro saludo más alto y el más válido” (Pablo VI, 8 de diciembre de 1965). Pablo VI proclamó a María, “Madre de la Iglesia”, y le confío en el futuro la fecunda aplicación de las decisiones conciliares.

Al recordar todos los acontecimientos que han marcado los cuarenta años transcurridos, ¿cómo es posible no volver a vivir hoy los diferentes momentos que han marcado el camino de la Iglesia en este período? La Virgen ha apoyado durante estas cuatro décadas a los pastores, y en primer lugar a los sucesores de Pedro en su exigente ministerio al servicio del Evangelio; ha guiado a la Iglesia hacia la fiel comprensión y aplicación de los documentos conciliares. Por este motivo, hablando por toda la comunidad eclesial, querría dar gracias a la Virgen Santísima y dirigirme a ella con los mismos sentimientos que animaron a los padres conciliares, quienes dedicaron precisamente a María el último capítulo de la constitución dogmática “Lumen gentium”, subrayando la inseparable relación que une a la Virgen con la Iglesia.

Sí, queremos darte gracias, Virgen Madre de Dios y Madre nuestra queridísima, por tu intercesión a favor de la Iglesia. Tú que, al abrazar sin reservas la voluntad divina, te consagraste con todas tus energías a la persona y a la obra de tu Hijo, enséñanos a guardar en el corazón y a meditar en silencio, como tú lo hiciste, los misterios de la vida de Cristo.

Tú que avanzaste hasta el Calvario, estando siempre profundamente unida a tu Hijo, que sobre la cruz te entregó como madre al discípulo Juan, haz que experimentemos tu cercanía en todo instante de la existencia, sobre todo en los momentos de oscuridad y de prueba.

Tú, que en Pentecostés, junto a los apóstoles reunidos en oración, imploraste el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, ayúdanos a perseverar en el fiel seguimiento de Cristo. Dirigimos nuestra mirada con confianza hacia ti, “signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que venga el día del Señor” (n. 68).

María, a ti te invocan con súplica insistente los fieles de todas las partes del mundo para que, ensalzada en el cielo entre los ángeles y los santos, intercedas por nosotros ante tu Hijo, “para que las familias de todos los pueblos tanto los que se honran con el nombre de cristianos, como los que aún ignoran al Salvador, sean felizmente congregados con paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad” (n. 69). ¡Amén!”

Donde está María, allí está Cristo

Donde está María, allí está Cristo
Santo Padre JPII
Fiesta de la Visitación de la Virgen, 31 de mayo del 2001

"María se puso en camino y fue aprisa a la montaña..." (Lc 1, 39)



Resuenan en nuestro corazón las palabras del evangelista san Lucas: "En cuanto oyó Isabel el saludo de María, (...) quedó llena de Espíritu Santo" (Lc 1, 41). El encuentro entre la Virgen y su prima Isabel es una especie de "pequeño Pentecostés". Quisiera subrayarlo esta noche, prácticamente en la víspera de la gran solemnidad del Espíritu Santo. En la narración evangélica, la Visitación sigue inmediatamente a la Anunciación: la Virgen santísima, que lleva en su seno al Hijo concebido por obra del Espíritu Santo, irradia en torno a sí gracia y gozo espiritual. La presencia del Espíritu en ella hace saltar de gozo al hijo de Isabel, Juan, destinado a preparar el camino del Hijo de Dios hecho hombre.

Donde está María, allí está Cristo; y donde está Cristo, allí está su Espíritu Santo, que procede del Padre y de él en el misterio sacrosanto de la vida trinitaria. Los Hechos de los Apóstoles subrayan con razón la presencia orante de María en el Cenáculo, junto con los Apóstoles reunidos en espera de recibir el "poder desde lo alto". El "sí" de la Virgen, "fiat", atrae sobre la humanidad el don de Dios: como en la Anunciación, también en Pentecostés. Así sigue sucediendo en el camino de la Iglesia.

Reunidos en oración con María, invoquemos una abundante efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia entera, para que, con velas desplegadas, reme mar adentro en el nuevo milenio. De modo particular, invoquémoslo sobre cuantos trabajan diariamente al servicio de la Sede apostólica, para que el trabajo de cada uno esté siempre animado por un espíritu de fe y de celo apostólico. Es muy significativo que en el último día de mayo se celebre la fiesta de la Visitación. Con esta conclusión es como si quisiéramos decir que cada día de este mes ha sido para nosotros una especie de visitación. Hemos vivido durante el mes de mayo una continua visitación, como la vivieron María e Isabel. Damos gracias a Dios porque la liturgia nos propone de nuevo hoy este acontecimiento bíblico .

A todos vosotros, aquí reunidos en tan gran número, deseo que la gracia de la visitación mariana, vivida durante el mes de mayo y especialmente en esta última tarde, se prolongue en los días venideros.

11 de abril de 2010

“Con María, construyamos una Patria para todos”

Celebración ciudadana por el Bicentenario.
Se invita a encender una vela y a rezar una oración por nuestra Nación


El próximo 8 de mayo a las 15, el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina, invita a todos los argentinos a realizar un gesto nacional para celebrar el Bicentenario.
El mismo consiste en encender una vela y en rezar una oración por la Patria.
Habrá un Acto Central frente a la Basílica de Luján como así también en distintos puntos de la Argentina

Bajo el lema “Con María, construyamos una Patria para todos”, el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina (DEPLAI), convoca a la misma hora a todo el país a encender una vela, que simbolizará el pedido de una luz nueva de Esperanza para la Argentina, y a rezar una oración por la Patria , por lo que se sugiere que se haga en todas las plazas, en todos los hogares y en todas las calles del país.

Ese día, la celebración tendrá su punto central en la plaza frente a la Basílica de Luján, con una misa presidida por el cardenal Jorge Bergoglio y luego se realizará una celebración ciudadana con la presencia de otros credos. Allí se espera el arribo de numerosas delegaciones de parroquias, colegios, movimientos y asociaciones de la Ciudad de Buenos Aires y de toda la provincia de Buenos Aires.

Se pide a todas las familias que se sumen al gesto de la oración por la Patria a las 15, como así también se las invita a participar del acto central en Luján.

Cabe destacar que la Asociación de Peregrinos a pie a Luján adelanta un día su peregrinación de todos los años, por lo que el viernes 7 de mayo iniciará la caminata a partir de las 17 desde la Basílica San José de Flores para llegar a Luján el sábado 8 de mayo a las 15, y participar del acto central.

El evento se hará en forma simultánea en distintos centros de devoción mariana como Ntra. Sra. de Itatí en Corrientes y Ntra. Sra. del Valle de Catamarca. Además en Salta, Jujuy, La Rioja, San Juan, y en las ciudades de Rosario y Bariloche, entre otras.


Para mayor información comunicarse con:
info@deplai.org.ar
www.deplai.org.ar
4394-0014 de lunes a viernes de 15 a 19 hs.