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17 de abril de 2010

Dichosos los que ven al Señor resucitado.

Adoración Joven:

Dichosos los que ven al Señor resucitado.

Te invitamos que, para este momento de oración, le pidas a Jesús especialmente: “Señor que TU AMOR me ayude a VERTE”.

Cuando Tomás vio a Jesús, cuando oyó su dulce voz, se dio cuenta de que, allá en el fondo, siempre había creído en la resurrección, que la deseaba con todo el corazón. Se dio cuenta de que se negaba a ella por miedo a ser engañado en algo que deseaba tanto; que se había estado muriendo de deseo y de miedo de creer al mismo tiempo. Ante Jesús, la respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración, un golpe de entusiasmo y de entrega sin límites: ¡Señor mío y Dios mío! En esta frase la primera desconfianza se transforma en fe inquebrantable. La humillación de su duda lo lleva al reconocimiento más claro de la divinidad de Jesús, a un reconocimiento íntimo. Jesús lo ha amado tanto, lo ha amado con tanto esmero, que de esta falta, de esta amargura ha hecho un recuerdo maravilloso. Dios es el único que sabe hacer de nuestras faltas, unas faltas benditas, unas faltas que no nos recordarán más que la maravillosa ternura que se ha revelado con ocasión de las mismas.

¡Señor mío y Dios mío! expresa una relación profunda que ningún otro apóstol había experimentado, una relación de amor tierno, una relación que ha crecido por la experiencia, por los encuentros, por las palabras y actos del amor. Es un reconocimiento personal que proviene de la experiencia misma del amor. No necesitaba ya asegurarse de nada. Aquella necesidad de tocarlo se había vuelto absurda. Ahora entendía que sus manos no aportaron nada que no hubieran descubierto mucho antes y mucho más profundamente su fe y su corazón.

Jesús hoy también irrumpió en medio de este encuentro, esta presente enfrente nuestro con todo el amor de su resurrección. En el amor la distancia entre vos y Dios desaparece y sos en Cristo uno con Dios. Pero solo podemos tomar conciencia de este amor de pan y vino siendo creyentes, teniendo fe que el Resucitado realmente esta entre nosotros. Y solo podemos aprender esta fe en presencia de Él. Dejemos en esta noche al Espíritu Santo fortalecer nuestra fe y nuestro amor a Cristo resucitado, realmente presente en el Santísimo Sacramento.

¡El Santísimo Sacramento es realmente la persona de Jesús, aquí con nosotros, en este mismo lugar y en este mismo momento! Jesús esta presente delante de nuestros ojos, con todo el poder de Su Resurrección, que derrama gracias abundantes sobre todos aquellos que se acercan a Su divina presencia. Si pudieras ver a Jesús en el Santísimo Sacramento, ¿no reservarías una hora todos los días para estar con Él? Si pudieras verlo como realmente Él es, ¿no adorarías de rodillas anonadado por su presencia? Si Jesús se hiciera visible en el Santísimo Sacramento todo el mundo querría estar junto a Él. Y, ¿no le diría Jesús a cada uno lo que le dijo a Tomás: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído"?

La maravilla más grande de su amor no es que Él se aparezca; Jesús te espera en el Santísimo Sacramento. Él quiere que vayas a Él por la fe, para que por toda la eternidad te pueda llamar "BIENAVENTURADO”.

Con cada adoración que hagas, le estás diciendo a Jesús: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28). Y cada vez Él te dice: "Dichoso eres porque no has visto y has creído".

Nuestra fe necesita la experiencia de sentir el amor de Dios cara a cara y Jesús, por su lado, también necesita de la experiencia de tu amor. Como Santo Tomás presentale hoy tu reconocimiento de fe personal. Intenta expresar lo que Dios significa personalmente para ti, lo que vivís en su presencia. Escucha con el corazón las palabras que emergen de ti. Dile mío porque lo quiere así.

Si nuestra fe en Él es firme, también se apoyará en ella la de otros muchos, para lo cuál es preciso que vaya creciendo de día en día, que aprendamos a mirar los acontecimientos y las personas como Él las mira. Para muchos Cristo es como si estuviera muerto, no cuenta en sus vidas. Pero nuestra fe nos impulsa a decirles de mil formas diferentes que Cristo vive, que nos unimos a Él por la fe y lo tratamos cada día, que orienta y da sentido a nuestra vida. La Resurrección del Señor nos envía a manifestarlo.

A través de nuestras manos toca amorosamente a las personas, las anima y sana. A través de nuestro corazón, su amor debe penetrar en el abandono y la soledad de las personas. Al recibir su espíritu podemos hablar, obrar y amar como el. Jesús en su soplo nos hace participe de aquello que posee en su interior mas profundo. Jesús sopla su amor. Su aliento despierta vida.

Pidamos a la Virgen que nuestra fe ante el Santísimo Sacramento sea nuestra fuerza. Que ella nos ayude a manifestar con nuestra fe, nuestro testimonio de vida y nuestras palabras, que Cristo vive.

24 de marzo de 2010

ADORACIÓN JOVEN


Comienza: viernes 12 de marzo

Demás fechas: 26/3 – 16/4 – 14 y 22/5 – 11/6 – 8/7 – 20/8 – 10/9 – 22/10 – 26/11 – 10 y 25/12

adoracionjoven@gmail.com

21 de diciembre de 2009

¿QUIEN ESPERA A QUIÉN?


¿QUIEN ESPERA A QUIÉN?
Llega el tiempo de la espera y la esperanza, de las búsquedas y los silencios. El tiempo de mirar alrededor y descubrir que Dios sigue viniendo. Siempre. Por caminos insospechados. A nuestras vidas. Ahora.





NOSOTROS A DIOS Sí, señor, te esperamos. Con esperanza, con impaciencia, con inquietud e ilusión. Porque seguimos necesitando adivinar en qué rincones te escondes, cuándo te cruzas con nosotros, en qué palabras nos hablas con ternura o con urgencia. Te esperamos porque a veces la vida se nos viene encima, y vivimos acelerados, agobiados, inseguros o sordos. Anhelamos que te hagas más presente, que tu evangelio sea, al fin, buena noticia para tantos…
Soñamos que te hagas, una vez más, amigo, maestro, señor en nuestras vidas. Te esperamos porque tantas veces te intuimos y otras tantas te nos escapas. Enséñanos a no desesperar, a preguntar dónde estás, a seguirte buscando, siempre.




DIOS A NOSOTROS
Pero tú también nos esperas, y nos llamas. En ocasiones es más difícil darse cuenta de esto. Que tú no fuerzas ni te impones, pero cuentas conmigo. No me arrebatas ni me exiges que viva a tu ritmo, pero sabes que mi corazón latirá de verdad si se acompasa a tu manera de amar. Esperas que me atreva a dar pasos. Que me arriesgue a apostar por ti y por mi prójimo. No te cansas de mis plantones ni mis rodeos, de mis reservas ni mis dudas. No desesperas, pese a mis traiciones. Confías en mí más que yo mismo. Quiero ponerme en marcha, otra vez… Sólo enséñame a dónde.

13 de diciembre de 2009


Ejemplo para los obreros. Como cada uno de nosotros, también tú, oh San José, sentiste la fatiga y el cansancio del trabajo de cada día.

Ayúdame, oh San José, a valorar la dignidad de mi trabajo, sea cual sea, y a cumplirlo con entusiasmo y responsabilidad.

Ejemplo de la misión. Aunque con una vida escondida, tú, oh querido Santo, has cumplido una misión específica, única e irrepetible en la historia.

Haz, oh San José, que yo pueda con la palabra y con el testimonio de vida, colaborar en la misión de la Iglesia para la construcción del reino de Dios.

Consuelo de los que sufren. Oh San José, tu vida no estuvo exenta de la sombra del dolor, que has asumido con mucha serenidad y paz del corazón.

Ayúdame, oh San José, a darme cuenta de que una vida de amor no puede estar exenta de la sombra del sufrimiento para que encuentre el camino hacia la verdadera felicidad.

Esperanza de los afligidos. En tu vida, oh San José, no todo fue claro y fácil de comprender. Sin embargo, supiste ubicarte siempre con la seguridad que te daba la esperanza de estar en las manos de Dios.

Te ruego, oh San José, de consolar hoy a todos los que están afligidos por cualquier causa. Llena sus días de personas amigas y desinteresadas.

Patrono de los moribundos. Tú, oh San José, tuviste la suerte de morir asistido por Jesús y tu esposa María. ¡Nadie podría desear algo mejor en el momento más decisivo de su vida!

Asísteme, oh querido Santo, en el momento de mi muerte.

Amparo de las familias. Oh San José, la Escritura afirma que a lado tuyo y de María, Jesús “crecía en edad, sabiduría y gracia”.

Te ruego, oh San José, por los niños y los jóvenes para que encuentren en su familia y en la comunidad el ambiente ideal para crecer Sanos y felices.

Modelo de vida doméstica. Oh San José, en la Familia de Nazaret asumiste plenamente tu responsabilidad, con espíritu de colaboración y de humildad.

Haz, oh San José, que los padres sepan unir todas las potencialidades del amor humano con una buena vida cristiana.


Ejemplo de humildad. ¡Cómo te sentías pequeño a tus ojos, oh San José! ¡Cómo amabas tu pequeñez! Siempre en la sombra, mantuviste tu vida bien escondida para responder al proyecto de Dios.

Ayúdame, oh San José, a huir de la vanagloria. Haz que encuentre gusto en la humildad y en relativizar mis intereses personales.

Ejemplo de fortaleza. Sin duda, oh San José, tu fortaleza, como jefe de familia, fue fundamental en los momentos cruciales que los Evangelios nos dejan entrever. Pero seguramente se consolidó luego en el trabajo de cada día.

Ayúdame, oh San José, a no desfallecer frente a las tentaciones, fatigas y sufrimientos.

Ejemplo de obediencia. Fue admirable tu obediencia en lo poco que los Evangelios nos revelan. Obedecer, casi a ciegas, a lo que las circunstancias iban indicándote como querer de Dios.

Aleja de mí, oh San José, todas las excusas que mi egoísmo y flojera me presionan para no cumplir la voluntad de Dios.

Ejemplo de justicia. El evangelio te definió hombre justo, querido San José. Lo cual para nosotros ahora significa ser persona que actúa para con Dios y los hombres con rectitud y honestidad.

Alcánzame, oh San José, la ayuda para mantener actitudes Sanas en mis relaciones con Dios y los hombres.

Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, querido Santo, se manifestó en la correcta valoración de las circunstancias para tomar en tu vida aquellas decisiones que mejor favorecían a tu propia familia.

Haz, oh San José, que yo no tome decisiones importantes sin antes valorar bien a quienes realmente puedan afectar.

Ejemplo de pobreza. La vida pobre y escondida en Nazaret, a lado de tus seres queridos, te llevó, querido Santo, a ser un trabajador responsable y activo, sin escatimar sacrificio alguno.

Obtenme, oh San José, la gracia del espíritu de pobreza, siendo responsable en mis quehaceres.

Ejemplo de gratitud. Nadie después de tu esposa, querido San José, recibió, de la bondad de Dios, tanto como tú. Y después de María, nadie cultivó tanto un corazón agradecido por los dones recibidos.

Haz, oh San José, que yo sea consciente de los dones que Dios me otorga cada día.


Hombre de la acogida. Oh San José, tu trabajo te llevaba a relacionarte a menudo con la gente, y en ello diste pruebas de atenta cortesía y de calurosa acogida.

Oh San José, ¡que yo sepa descubrir aquellos gestos que me hacen imagen viva de la disponibilidad con que Dios nos recibe tal como somos!

Hombre del discernimiento. No te fue tan fácil, oh San José, discernir entre las circunstancias de la vida lo que Dios quería de ti para tu misión y tu familia.

Ayúdame, oh San José, a intuir entre los acontecimientos del día el paso de Dios por mi vida.

Hombre de la docilidad. ¡Qué hermosa fue tu docilidad, oh querido Santo, en actitud de constante atención a la Sagrada Escritura y a la voluntad de Dios!

Aleja de mí, oh San José, la presunción, el apego tonto a mis opiniones, la obstinación de seguir sólo mis ideas.

Hombre de la entrega. Tú, oh San José, no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no obrabas con disgusto o mala gana.

Ayúdame, oh San José, a no ser flojo en mis responsabilidades, sino a dedicarme a mis quehaceres con la máxima entrega.

Hombre de la sencillez. Ser persona sencilla como tú, oh San José, no es sólo una dimensión del carácter, sino una virtud adquirida con el esfuerzo diario de hacerse disponible a los demás.

Ayúdame, oh San José, a no ser persona complicada, retorcida, e inaccesible, sino amable, sencilla y transparente.

Hombre de la confianza. Tu seguridad, oh San José, se cimentaba en la atención y adhesión constante a la voluntad de Dios, tal como iba manifestándose día tras día.

Haz, oh San José, que yo tenga la seguridad de quien confía en Dios, sabiendo que en cualquier situación, aunque adversa, estoy en sus manos.

Hombre de la paz. Tú, oh San José, como padre has educado a Jesús adolescente hacia aquellos valores que luego Él predicó, proclamando felices a “los que trabajan por la paz”.

Oh San José, ayúdame a promover la paz en mi propia familia y en el ambiente donde vivo y trabajo.

Jesús por las calles...



Él lidera el camino. Él camina por nuestras vidas y se da vuelta para decir: síganme... síganme.

Cada vez que llevas a Jesús a la calle, que lo llevas a la gente, cosas pasan, vidas cambian, nacen nuevas ocasiones y eso es lo que necesitamos.

La gente para y mira por un segundo y conocen a Jesús cara a cara y sus vidas pueden cambiar para siempre.

Es una celebración de fe, de la resurrección.

Caminar por las calles con nuestro Señor, rezando por vocaciones.

El Espíritu de Iglesia esta en mucha gente en Nueva York, cada uno de su cultura.

Estarán llevando a una de las capitales más grandes del mundo al Rey de reyes y el Señor de los señores

No tengan miedo de salir a las calles y a lugares públicos como los primeros apóstoles a predicar a Jesús y a la Buena Noticia de salvación en las cuadras de las ciudades.

Querido San José…

Padre de Jesús. Escogido por el Eterno Padre, con amor previsor, para ser un padre para Jesús, tú, oh San José, has sido uno de los principales interlocutores en el plan de la salvación, según las promesas de Dios a su pueblo.

Ayúdame, San José, a leer hoy, el proyecto de Dios sobre mi vida, conforme a su plan de salvación.

Hombre de los proyectos divinos. Durante tu vida, tú, San José, no te has preocupado por hacer cosas grandes, sino por cumplir bien la voluntad de Dios, inclusive en las cosas más sencillas y humildes, con mucho empeño y amor.

Enséñame, San José, la prontitud en buscar y realizar la voluntad de Dios.

Esposo de la Madre de Dios. Después de la perturbación inicial, oh San José, tu ‘sí’ a la voluntad de Dios fue claro y preciso, aceptando a María como tu esposa. Fue por tu ‘sí’ que Jesús formó parte, a pleno derecho, de la estirpe de David ante la ley y ante la sociedad.

Te confiamos, oh San José, a todos los padres, para que, siguiendo tu ejemplo, acepten en los hijos el don inestimable de la vida humana.

Hombre del silencio. Junto a Jesús y a María, San José, fuiste hombre del silencio. Tu casa fue un templo. ¡Un templo donde lo primero fue el amor!

Enséñame, oh San José, a dominar mi locuacidad y a cultivar el espíritu de recogimiento.

Hombre de fe. Aún más que Abraham, a ti, San José, te tocó creer en lo que es humanamente impensable: la maternidad de una virgen, la encarnación del Hijo de Dios.

Fortalece, oh San José, a quien se deSanima y abre los corazones para confiar en la Providencia de Dios.

Hombre de la esperanza. Oh San José, tú has vivido en una actitud de serena esperanza ante la persona de Jesús, de quien, durante tu vida, jamás pudiste vislumbrar algo que revelara su divinidad.

Aumenta, San José, mi capacidad de esperanza, alimentando el aceite para mis lámparas de espera.

Hombre del amor a Dios. Oh San José, tú diste pruebas de entrega plena y total a tus seres queridos, Jesús y María, y con ello dabas gloria a Dios.

Enséñame, oh San José, a amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas, y al prójimo como a mí mismo.

4 de diciembre de 2009

LA HORA QUE DA SENTIDO A MI VIDA

LA HORA QUE DA SENTIDO A MI VIDA

"No estamos llamados a hacer grandes penitencias y tal vez muchas de ellas interferirían con nuestras obligaciones, pero la hora (Santa) es nuestr o sacrificio cotidiano en unión con Cristo.”
Arzobispo Fulton J. Sheen

En el día de mi Ordenación, tomé la decisión de que todos los días pasaría una Hora Santa en presencia de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, cosa que he mantenido durante estos setenta años.

La Hora Santa no es una devoción; es una participación en la obra de la Redención. En el huerto de Getsemaní, Nuestro Señor preguntó: ¿No pueden velar una hora Conmigo?´ No se lo pidió a todos… tal vez porque sabía que no podía contar con su fidelidad. Pero al menos espe

raba que tres le fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan. Desde ese momento, y muy seguido en la historia de la Iglesia, el mal está despierto, pero los discípulos están durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario Corazón salió el suspiro: ´¿No pueden velar tan solo una hora Conmigo?´.El no rogaba por una hora de actividad, sino por una hora de compañía.

Otra de las razones por la que mantengo la Hora Santa es para crecer más y más a semejanza de Él. Como lo plantea San Pablo: ´Nos transformamos en aquello en lo que fijamos nuestra mirada´. Al contemplar el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al contemplar al Señor Eucarístico una hora, transforma el corazón de un modo misterioso, así como el rostro de Moisés se transformó luego de Su compañía con Dios en la montaña. Nos pasa algo parecido a lo que les pasó a los discípulos d

e Emaus, el domingo de Pascua por la tarde, cuando el Señor los encontró. Él les preguntó por qué estaban tan tristes, y después de pasar algún tiempo en Su presencia, y oír nuevamente el secreto de la espiritualidad –´El Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su Gloria´– el tiempo de estar con Él terminó, y sus ´corazones ardían´.

La Hora Santa. ¿Es difícil? Algunas veces parecería ser difícil; podría significar tener que sacrificar un compromiso social, o levantarse una hora más temprano, pero en el fon

do nunca ha sido una carga, sólo una alegría.

El objetivo de la Hora Santa es fomentar un encuentro personal y profundo con Jesucristo. El santo y glorioso Dios nos invita constantemente a acercarnos a Él, conversar con Él, para pedirle las cosas que necesitamos y para experimentar la bendición de la amistad con Él. El amor sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el Amor Divino no. El primero concierne al cuerpo, que responde cada vez menos a los estímulos, pero en el orden de la gracia, la respuesta de lo Divino, a lo pequeño, los actos humanos de amor se intensifican.

Ni el conocimiento teológico, ni la acción social sola, son suficientes para mantenernos en amor con Jesucristo, a menos que ambos estén precedidos por un encuentro personal con Él.

Moisés vio la zarza ardiendo en el desierto que no se alimentaba de ningún combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible, continuaba existiendo sin destruir la madera. Una dedicación tan personal a Cristo no deforma ninguno de nuestros dones naturales, disposiciones o carácter; sólo renueva sin matar. Como la madera se transforma en fuego, y el fuego perdura, así nos transformamos en Cristo y Cristo perdura.

He descubierto que lleva algún tiempo enfervorizarse rezando. Esta ha sido una de las ventajas de la Hora diaria. No es tan corta como para no permitir al alma abismarse, y sacudirse las múltiples distracciones del mundo. Sentarse ante Su Presencia es como exponer el cuerpo al sol para absorber s

us rayos. El silencio en la Hora es como un tête-à-tête con el Señor. En esos momentos, uno no saca tanto oraciones escritas, sino que escucha más. No decimos: ´Oye, Señor, porque Tu siervo habla´, sino ´Habla, Señor, que Tu siervo escucha´.

Intimidad es… apertura sin reservas, que no guarda ningún secreto, y revela el corazón abierto a Cristo. Demasiadas veces los amigos son sólo “dos barcos que p

asan en la noche”. El amor carnal, a pesar de que parece íntimo, a menudo puede ser un intercambio de egoísmos. El ego se proyecta en la otra persona, y lo que se ama no es la otra persona, sino el placer que la otra persona brinda. He notado a lo largo de mi vida que cuando yo retrocedía ante las demandas que el encuentro me había impuesto, me volvía más ocupado, y más preocupado con actividades. Esto me daba una excusa para decir: ´No tengo tiempo´.

Por lo tanto, la Hora Santa, más allá de sus beneficios espirituales, previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a un Sagrario, la propia soga no es tan larga para

encontrar otras pasturas. Esa tenue lámpara del tabernáculo, aunque pálida y difusa, tiene una misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo de ´las luces brillantes´. La Hora Santa se volvió como un tanque de oxígeno para revivir el soplo del Espíritu Santo en el medio de la sucia y hedionda atmósfera del mundo. Aún cuando parecía tan poco provechoso, y carente de intimidad espiritual, todavía tenía la sensación de ser al menos como un perro en la puerta de su amo, listo en caso de que me llamase.

La Hora, también, se volvió un magisterio, y una maestra, ya que aunque antes de amar a alguien debemos conocer a esa persona, sin embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta el conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de las dos coberturas

de un libro formal, sino de dos rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.

Finalmente, haciendo una Hora Santa cada día constituía para mí un área de la vida en la que podía predicar lo que practicaba. Otro de los frutos de la Hora Santa es la sensibilidad a la Presencia Eucarística de Nuestro Divino Señor.



3 de diciembre de 2009

MÁRTIR POR AMOR A LA EUCARISTÍA



MÁRTIR POR AMOR A LA EUCARISTÍA

Historia Real del Señor Obispo Fulton Sheen


Un buen ejemplo nos muestra hasta donde puede llegar el amor a Nuestro Señor presente en la Eucaristía y lo que ese testimonio puede influenciar en tantas vidas.
Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional:
- "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".

El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña China de once años de edad.

Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los Comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al piso, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.

Cuando los comunistas se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vio todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró a la iglesia. Allí hizo una hora santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio. Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).

La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.

Este acto de martirio heroico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró a tal grado que prometió a Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.

La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.

Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento. Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.

JESUS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.


Extracto de un artículo Let the Son Shine por el Rev. Martin Lucía

1 de diciembre de 2009

27 de noviembre de 2009

Adoración Joven



El objetivo es generar un espacio de oración mensual, cuyo centro es la adoración Eucarística, desde la Palabra de Dios y acompañado por distintos temas específicos. Se busca adorar y contagiar a otros: "Amar y hacer amar a Jesús".

Se busca desde este espacio tener un encuentro con Jesús desde la contemplación de la Eucaristía que lleve a movilizar el corazón y la vida entera hacia la santidad.

En su horizonte, adoración joven debe tender a un perfil misionero, es decir que desde la intimidad del encuentro con el Señor se genere en cada joven el deseo de transformar el mundo desde el amor y el compromiso con el hermano, y la necesidad de compartir a Jesús con aquellos que se encuentran alejados.